A veces pasamos por alto la importancia de esta etapa. Parece solo una fase de  transición para llegar al objetivo final, que es cuando el bebé empieza a caminar. Pero la etapa desde el nacimiento hasta el comienzo de la marcha es de las más importantes en el desarrollo evolutivo de un niño, casi dejando en un segundo plano el inicio de los primeros pasos. El objetivo final no debe ser que el niño comience una marcha precoz, sino que pase por todas las etapas evolutivas, como son: que levante la cabeza, que se voltee, que se arrastre, que repte, que se siente solo, que gatee, que se ponga de pie, etc.

Es la etapa en la que se desarrolla el sistema nervioso central, en la que se producen las conexiones entre los dos hemisferios cerebrales. El niño adquiere sentido del equilibrio, del espacio y de la profundidad, se estimula la coordinación visomanual. A nivel visual se estimula la visión tridimensional, la convergencia, la acomodación y la visión periférica. Además se van integrando de forma progresiva los reflejos primitivos para dar paso a la aparición de los reflejos posturales. Con todo ello se asientan las bases del sistema nervioso para más tarde poder tener una buena postura, coordinación, equilibrio, habilidades motoras, etc. También se crea una buena base para aprender a leer y a escribir sin dificultades, tener una buena comprensión lectora y entender las matemáticas.

El sistema nervioso central tiene un proceso de maduración progresivo, pero la fase en la que se producen mayores cambios es de cero a un año. En esa etapa se crean gran cantidad de conexiones nerviosas y de mielina (que aporta velocidad a estas conexiones).  Por ello es tan importante prestarle atención a este período y favorecer que el bebé pueda desarrollarse y madurar.

El desarrollo cerebral se lleva a cabo básicamente gracias a la presencia de reflejos primitivos y a la estimulación sensorial. A continuación hablaremos de ambos conceptos.

Los reflejos primitivos

Son movimientos automáticos y estereotipados que aparecen en el bebé desde la etapa uterina y en los próximos meses tras el nacimiento. Son esenciales para la supervivencia del neonato en estos primeros meses. Son movimientos controlados por el tronco encefálico que se desencadenan  tras un estímulo concreto y la repetición de ese patrón de movimiento durante un tiempo hace que se integre (desaparece) y que poco a poco vayan apareciendo los reflejos posturales y predominando los movimientos voluntarios. La progresiva desaparición de estos reflejos es un índice de maduración cerebral y permite la progresión en cada etapa del desarrollo motor.

La estimulación sensorial

Es otra parte esencial en el desarrollo cerebral. El bebé necesita estímulos para poder relacionarse con su entorno. La información que recibe su cerebro se da a través de varias vías: de su sistema vestibular, el tacto y la propiocepción. El bebé inicia así su aprendizaje sobre sí mismo y sobre el mundo que le rodea. Veamos ahora en qué consisten estos sistemas.

Estimulación vestibular

El sistema vestibular está relacionado con el equilibrio y el control espacial. Está formado por el sáculo y el utrículo, que se sitúan dentro del oído interno y nos da información sobre la posición de la cabeza en el espacio. Junto con los canales semicirculares, otra estructura del oído interno, nos permite controlar la postura, situar nuestro cuerpo en el espacio, controlar los desplazamientos y tener buen equilibrio.

La estimulación vestibular son una serie de movimientos que ayudan a desarrollar el sistema vestibular, el equilibrio. Los movimientos rotativos, balanceos, giros,… aportan mucha información al cerebro.

¿Cómo podemos estimular el sistema vestibular de un bebé?

En un bebé, cualquier cambio postural o balanceo ya está estimulando los receptores posturales. Tener al bebé en brazos en distintas posiciones, acunarlo, mecerlo con movimientos suaves o portearlo mientras caminamos son buenas formas de estimular su sistema vestibular. Los propios movimientos que realiza el bebé hacen que su cabeza y su cuerpo se desplacen en distintas direcciones, lo que también favorece la comprensión de su posición en el espacio.

Estimulación propioceptiva

Los bebés también perciben su ubicación en el espacio a través de la propiocepción. La propiocepción es la conciencia corporal. Es la habilidad de percibir la información que aportan unos receptores sensoriales alojados en los músculos, articulaciones y tendones. Gracias a la propiocepción sabemos dónde están nuestras extremidades respecto al resto del cuerpo y nos informa sobre nuestros propios movimientos corporales, delimitamos nuestro cuerpo y como se relacionan entre sí sus diferentes partes.

¿Cómo podemos estimular a un bebé para mejorar su propiocepción?

Cada vez que el bebé se estira y se encoge o mueve alguna de las partes de su cuerpo está enviando señales a su sistema nervioso sobre la posición de su cuerpo, así que dejando que el bebé pueda moverse libremente ya estamos contribuyendo a mejorar su propiocepción. Además, cuando abrazamos a un bebé, o le movemos las distintas partes de su cuerpo también estamos mandando señales a sus propioceptores.  

Estimulación táctil

Depende del sentido del tacto y se percibe a través de la piel, que es donde se localizan los receptores sensoriales que llevan la información al cerebro. Este sentido nos permite reconocer los objetos y el medio, su textura, forma, tamaño, temperatura. Pero además de esta función discriminativa tiene una función protectora, de manera que el niño puede retirar la mano al tocar un objeto que considere peligroso.

¿Cómo podemos estimular a un bebé para mejorar su sentido del tacto?

Dejando que el bebé descubra diferentes texturas, objetos duros y blandos y con distintas formas. Además hemos de tener en cuenta que el sentido del tacto no está solo en las manos, sino en la piel de todo el cuerpo. Así, en la medida de lo posible, es bueno que el niño pueda estar desnudo para percibir sensaciones en el resto de su cuerpo. Una buena forma de estimular su percepción táctil es mediante las caricias o masajes por todo el cuerpo.

¿Qué podemos hacer para que un bebé reciba toda la estimulación que necesita?

  1. Dejar al bebé en suelo
  2. Que lleven la menor cantidad de ropa posible
  3. Coger al bebé, mecerlo, balancearlo suavemente
  4. Dar masajes, caricias

El bebé, por sí mismo tiene una serie de movimientos automáticos (reflejos primitivos) que le permiten interactuar con el entorno y desarrollar patrones de movimiento que crearán conexiones nerviosas. Pero para poder ejecutar todos esos movimientos por completo el bebé necesita estar en una superficie plana, no demasiado blanda y desprovisto de ropa en la medida de lo posible. Esta superficie plana puede ser el suelo con una colchoneta no muy blanda. El bebé debe pasar tiempo tanto boca arriba como boca abajo. Es importante insistir sobre todo en ponerlos boca abajo porque habitualmente ya pasan muchas horas boca arriba durante el día.

Esto es por varias razones. La primera es que la piel tiene muchos receptores sensitivos y el simple roce con objetos o con su propio cuerpo estimula el sistema nervioso central y desencadena movimientos. Además a través de la piel estimulamos el sentido del tacto. El bebé tiene mucha más información sobre su cuerpo y sobre su entorno.

Por otro lado, facilitamos la libertad de movimiento. En el caso de los pies, hay que insistir todavía más. Los reflejos de los pies como el de Babinski o el plantar se desencadenan si la planta de los pies recibe estímulos y para poder ejecutar estos reflejos necesitan el estímulo en la piel y la posibilidad de poder mover con libertad los dedos. Durante el día, para salir a la calle, si necesitamos cubrir sus pies debemos evitar los zapatos rígidos o demasiado ajustados que impidan la movilidad del pie.

Así estimularemos su sistema vestibular y propioceptivo.

El bebé recibe estímulos en todas las partes de su cuerpo y ello mejora el sentido del tacto y la conciencia corporal.

Así, que en resumen, cuando el bebé esté despierto, debemos dejar que pase tiempo en posición horizontal, tanto boca arriba como boca abajo y con la menor ropa posible. Además de ello, un masaje, cambios de posición e interactuar con el bebé aumenta su desarrollo sensitivo y el vínculo afectivo con ellos.