La pelvis es una estructura de vital importancia durante el embarazo y el parto.
Conforme el embrión va creciendo y aumenta su tamaño también lo hace el tamaño del útero que poco a poco sale de la región pélvica para ir ocupando espacio abdominal.
Con este cambio de volumen del abdomen se necesita una adaptación constante de la postura, en especial de las curvas raquídeas, principalmente la región lumbar.


Cuando se acerca el momento del parto el bebé, que habitualmente ya tiene una presentación cefálica, se va a ir acomodando en la pelvis mayor para poco a poco iniciar el descenso a la pelvis menor y salir al exterior.
Para que este descenso se produzca en las mejores condiciones es fundamental que la pelvis, como estructura ósea, se mueva perfectamente. Para el momento del parto los movimientos pélvicos que se efectúan tienen como objetivo abrir el diámetro pélvico inferior lo máximo posible para permitir la salida del bebé. Ello conlleva un movimiento de "in-flare" de los ilíacos (las palas ilíacas se aproximan y los isquiones se separan), un movimiento de extensión del sacro (la base sacra se mueve hacia delante y el ápex sacro se mueve hacia atrás) y un movimiento de extensión del coxis.
Además de esta movilidad en el anillo óseo debemos conseguir que la musculatura del suelo pélvico esté lo suficientemente elástica para poder distenderse sin dificultad, sin desgarrarse, cuando la empuje la cabeza del bebé.

Por eso es tan importante el trabajo pre-parto en la embarazada. Nosotras, como osteópatas, nos encargamos de cuidar a la embarazada durante toda esta etapa, tratando posibles problemas que pueden ir surgiendo como dolores costales, ciatalgias o pubalgias, y preparando el cuerpo de la embarazada para un parto óptimo.
Con las manipulaciones vertebrales y pélvicas mantenemos las articulaciones sacroilíacas libres de movimiento así como la sínfisis púbica. Añadimos el trabajo del suelo pélvico que retomaremos tras el parto.

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