La parte central del tratamiento es la terapia manual, pero en ocasiones nos ayudamos, por ejemplo,  de la aplicación de vendajes para completar el tratamiento.

La primera visita comienza con una entrevista con el paciente o anamnesis, de la que se obtiene la máxima información sobre su motivo de consulta y los aspectos más relevantes de su salud. A continuación se valoran las pruebas diagnósticas aportadas por el paciente (radiografías, resonancias magnéticas, analíticas, informes médicos,…). Así se conformará una historia clínica lo más completa posible. Es importante conocer los antecedentes del paciente, desde el tipo de parto por el que nació, si se usó instrumental como fórceps o ventosa durante el parto, así como antecedentes traumáticos (caídas importantes, fracturas o esguinces, accidentes,…). También es útil conocer cualquier enfermedad reumática, infecciosa o general que pudiese el paciente padecer (hipertensión arterial, enfermedades hepáticas, enfermedades ginecológicas, diabetes, etc.)

El siguiente paso es realizar una exploración global del paciente, en la que se valorará la postura corporal (si hay aumento o rectificación de curvas, si hay escoliosis). Después hacemos un estudio de la movilidad global para encontrar limitaciones de movimientos o dolor al realizar los mismos. Después pasamos a hacer una valoración de movimientos más específica, valorando la movilidad de la articulación que queremos estudiar. Habitualmente usamos tests ortopédicos para confirmar el diagnóstico, palpaciones manuales y otras pruebas osteopáticas. Una vez encontrado el lugar de la disfunción, es decir, el lugar que está ocasionando la cadena de disfunciones que provocan los síntomas, intentamos hacer una cadena lesional, es decir, relacionar las disfunciones que hemos encontrado unas con otras para poder pautar así un tratamiento lógico y lo más acertado posible.

Una vez recabada toda la información, se informará al paciente del procedimiento a seguir, explicándole su situación y el tratamiento que se va a realizar.

Las técnicas terapéuticas que se utilizan se eligen según el tipo de paciente (edad, sexo, estado de salud…), según el diagnóstico y con el consentimiento del paciente en todo momento. Siempre se realizarán respetando el límite del dolor del paciente.

La Osteopatía es una forma de terapia global, por lo que es posible que ante un problema determinado se realicen técnicas tanto estructurales, como craneales y viscerales para poder conseguir el mejor estado de salud posible.

Las técnicas utilizadas pueden ser: estructurales (manipulación vertebral y de otras articulaciones, estiramientos, movilizaciones, masaje,…), viscerales (bombeos, técnicas fasciales, …), craneales (equilibración funcional, técnicas de descompresión, …), técnicas fasciales, arteriales, drenaje linfático …

Resumiendo, cuando un paciente acude a la consulta primero hacemos la historia clínica (anamnesis), después hacemos una exploración que incluye la inspección del paciente, la palpación de diferentes tejidos, la realización de test o pruebas de movilidad para buscar zonas que hayan perdido su buena función. Una vez tenemos el diagnóstico del problema se pauta el tratamiento utilizando diferentes tipos de técnicas estructurales, viscerales y craneales.

Una sesión de Osteopatía en nuestra consulta tiene una duración de 45 minutos aproximadamente. Las sesiones de Osteopatía ponen en marcha una serie de mecanismos de curación que tenemos integrados en nuestro organismo, por lo que hay que dejar un período de descanso entre las sesiones (normalmente una semana) para que pueda restablecerse el buen funcionamiento corporal.