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Algunos bebés respiran por la boca, siempre están con la boca abierta, cuando duermen respiran con la boca abierta.

La respiración bucal puede tener varios orígenes pero entre los más comunes tenemos la obstrucción de las vías respiratorias altas (hipertrofia amigdalar o adenoidea, desviaciones septales, etc.) y la anquiloglosia.

En la respiración bucal el aire entra al cuerpo por la boca; al no entrar por la nariz el aire no se humidifica, no se purifica y, por tanto, no se filtra. La respiración bucal modifica la microbiota bucal teniendo repercusiones sobre nuestro sistema inmune.

Numerosos estudios relacionan la hipertrofia amigdalar y adenoidea con la respiración bucal: el aire no filtrado hace que las amígdalas trabajen más y por tanto se hipertrofien, generando más dificultad respiratoria nasal, cerrando un círculo vicioso de dificultad respiratoria nasal.

La respiración bucal provoca una alteración en la posición de la lengua y un desplazamiento posterior de la mandíbula lo que provoca una disminución del diámetro orofaríngeo generando hipoapneas y disminuyendo así la calidad del sueño.

La respiración bucal se relaciona con más trastornos respiratorios obstructivos del sueño (TROS), generando un mal descanso nocturno.

El sistema inmunitario se activa para reparar, para desinflamar. Es un sistema nocturno, se activa en la fase 3 no REM del sueño, durante el sueño profundo. Y se activa con la vasodilatación producida por el óxido nítrico (que nos aporta la respiración nasal).

Este óxido nítrico de la respiración nasal inhibe el crecimiento de diferentes agentes patógenos (hongos, bacterias, virus), estimula la motilidad ciliar en la nariz, mejora la función pulmonar porque abre las vías respiratorias y reduce la resistencia vascular pulmonar. Además mejora la capacidad pulmonar para el intercambio de gases produciendo una mayor oxigenación arterial.

Por tanto, si se establece una respiración bucal el óxido nítrico está en valores mínimos y favorece más patologías, más inflamación y más sintomatología, debilitando el sistema inmune.

Cabe señalar, además, que durante el sueño se inhiben y se activan diferentes citoquinas y hormonas. En un sueño reparador se activa, entre otras, la hormona del crecimiento. Por tanto, si el niño tiene privación, disminución o fragmentación del sueño tendrá mayor posibilidad de padecer alteraciones neuroinmunoendocrinas.

Como comentaba al principio, la anquiloglosia puede ser el origen de la respiración bucal. Una lengua baja, anclada al suelo de la boca, no puede ascender hacia el paladar, no estimula el crecimiento transversal del paladar (genera paladar alto y estrecho, ojival), no estimula la expansión de las fosas nasales. Predispone a la hipertrofia amigdalar, a las otitis de repetición, a las infecciones respiratorias recurrentes, a los trastornos obstructivos del sueño, entre otras patologías.

Si tu bebé respira por la boca ocúpate, visita al pediatra o al otorrinolaringólogo para que haga el diagnóstico pertinente y se pueda buscar la mejor solución, así evitarás consecuencias y disfunciones futuras.

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